Jean-Pierre Page comenta la designación de Samantha Power como jefa de la USAID. Oficialmente, esta agencia trabaja para el desarrollo internacional. Pero es sobre todo una herramienta del poder blando de Estados Unidos, que ya ha participado en operaciones de “cambio de régimen”. Y el nombramiento de un personaje como Samantha Power al frente no es en absoluto casualidad.
Como era de esperar, buena parte del equipo neoconservador del tándem Clinton-Obama vuelve con fuerza a los mandos de la nueva administración estadounidense. Todos ellos tienen una postura de confrontación, con la mira puesta en Rusia y en el surgimiento de China. Los vasallos europeos están invitados a cerrar filas en torno al soberano ahora que el elefante en la tienda de porcelanas ha hecho las maletas, abandona la Casa Blanca, y el “Estado profundo”, aunque sigue muy preocupado, respira un poco mejor.
Después de los nombramientos en el Departamento de Estado de Antony Blinken, Victoria Nuland (esposa de Robert Kagan, autor del famoso “Proyecto para el Nuevo Siglo Americano”), William Burns en la CIA (ex embajador en Rusia bajo el mandato de Obama) y Lloyd Austin en el Departamento de Defensa (notorio criminal de guerra directamente vinculado al complejo militar-industrial que incluye al grupo Raytheon, tercer productor de armas de Estados Unidos), Biden acaba de nombrar a Samantha Power como jefa de la USAID, con un presupuesto de más de 20 mil millones de dólares.
Samantha Power, premio Pulitzer y protegida de Madeleine Albright, antigua corresponsal de guerra en Yugoslavia, es una de las teóricas de la injerencia humanitaria y el cambio de régimen. Fue miembro destacada del Consejo de Seguridad Nacional y luego embajadora ante la ONU bajo el mandato de Obama. Se le conoce como una intervencionista de choque.
La dirección de la USAID es totalmente estratégica en el sistema de los Estados Unidos, la cual, bajo la fachada de ayuda al desarrollo y asistencia humanitaria, se sitúa bajo la autoridad directa del Presidente. En el ámbito de la injerencia, la USAID colabora estrechamente con el Departamento de Estado, la CIA y la NED [National Endowment for Democracy]. La USAID dispone de privilegios considerables, como el estatuto diplomático de sus funcionarios, que son entre 15 y 20.000, a través de la modalidad de una red paralela asociada a la de las embajadas estadounidenses, en al menos 100 países. Es decir, una agencia dotada de bastantes recursos.
Sin embargo, la USAID es muy controversial y ha sido expulsada de varios países por espionaje, en Rusia entre otros, y por injerencia directa a favor de cambios de régimen, especialmente en ciertos países latinoamericanos como Uruguay, Bolivia y Ecuador. La USAID participó directamente en el golpe de Estado de 2002 contra Chávez, y dirigió un programa para desestabilizar el régimen cubano entre 2009 y 2012.
Power forma parte del primer círculo de amigos de Barack Obama, al igual que Susan Rice, quien ocupará un puesto estratégico como asesora de Biden en todos los asuntos de la política interior estadounidense. Como antigua miembro del Consejo de Seguridad Nacional y embajadora en las Naciones Unidas, su nombramiento tiene sentido a la luz del desastre económico y social, del rápido declive que está experimentando Estados Unidos y que debe ser frenado. Además, Michèle Flournoy, quien iba a convertirse en la jefa del Pentágono, estará sin duda al frente de un puesto decisivo.
Todos ellos son intelectuales de muy buena familia, vinculados a las redes más poderosas del mundo empresarial. Son graduados de las mejores universidades de EE.UU. (Stanford, MIT, Yale, Harvard, Princeton, Georgetown) y también están vinculados a las principales ONG estadounidenses, como Human Rights Watch, Amnistía Internacional o Freedom House, así como a las fundaciones más ricas, como el Carnegie Endowment, el Brookings Institute, las fundaciones Ford y Rockefeller, o la NED.
En lo concerniente a los neoconservadores y a este nivel, las clasificaciones de republicano o demócrata son realmente secundarias. Por ejemplo, Kagan era republicano, Blinken es demócrata, pero trabajan juntos. Cabe destacar la importancia política del artículo firmado hace unos días por Kagan y Blinken en el Washington Post, en el que juntos esbozan lo que será la visión geopolítica de Estados Unidos: “America First sólo está empeorando el mundo. He aquí un mejor enfoque.”
En todo este dispositivo, encontramos también a Madeleine Albright, quien conceptualizó, con Richard Williamson, la famosa doctrina R2P (Responsibility to Protect) [Responsabilidad de Proteger] que es la Biblia de todo este equipo. Madeleine Albright, a pesar de su edad, sigue siendo muy activa. Al igual que George Soros y su Open Society. El informe sobre la R2P es la referencia en términos de injerencia para legitimar la política estadounidense de “cambio de régimen”.
Esta vez, veremos serios esfuerzos para recuperar el control de los negocios, empezando por el control de todas las herramientas para restaurar, asegurar y reforzar el liderazgo de EE.UU. sobre el mundo, ¡si es necesario mediante nuevas guerras! Por último, como guinda del pastel, leí en un artículo de Daniel Durand en Relations Internationales de enero de 2021, que es uno de los responsables de la política exterior del PCF [Partido Comunista de Francia], que “la buena noticia de 2021” sería la elección de J. Biden. ¡Creo que no tardaremos en comprobarlo!
Traducido del francés por América Rodríguez para Investig’Action
Fuente: Investig’Action